"EL BARRO ES MUY SUCIO Y DURO, POR ESO NO LE GUSTA A LA GENTE NUEVA"
LA CONSEJERA DE NUEVA CANARIAS INES JIMENEZ, FUE LA PROPULSORA DE DICHO RECONOCIMIENTO EN LA COMISION DEL CABILDO INSULAR DE GRAN CANARIA.
Esta mañana el periódico LA PROVINCIA-DLP., publicaba una amplia y cariñosa entrevista realizada por nuestro amigo y compañero CRISTÓBAL PEÑATE, a MARIA GUERRA “LA QUEMA”.
La alfarera mas antigua de Canarias, del barrio de La Atalaya de Santa Brígida. Mañana a MARIA GUERRA, nuestra MARIA GUERRA, recogerá su mas que merecido ROQUE NUBLO DE PLATA, una distinción que se ha ganado con todo merecimiento y que fue propuesta en la Comisión del Cabildo Insular de Gran Canaria, por la Consejera INES JIMÉNEZ de NUEVA CANARIAS, que siempre se ha decantado no solo por los problemas de la Mujer sino por la Alfarería entre otros.
"DESDE NIÑA ESTABA EN EL BARRO"
- Sí, eso lo viví desde niña. La mitad del tiempo estábamos en el horno, donde guisábamos el barro y hacíamos la loza. Traíamos la leña de Bandama.
- ¿El oficio lo aprendió de niña?
- Claro. Allí trabajaba mi abuela y la mayoría éramos mujeres de la familia que aprendimos de ella. Yo siempre me ponía alrededor de las mujeres que venían a trabajar. Como era chica me daban un poquito de barro y me decían lo que tenía que hacer. Me gustaba hacer cosas con el barro.
- ¿Ha estado siempre en este oficio?
- Sí, con mi abuela y mi madre. A una hermana mía también le gustaba la alfarería y se dedicaba a eso.
- ¿Ha podido traspasar la tradición del barro a sus hijos?
- Qué va. Ellos se dedican a otra cosa porque esto muy sacrificado y los tiempos de ahora son distintos a los que yo viví. Antes había más necesidad.
"IBAMOS TODAS LAS SEMANAS A TELDE, CUANDO NO VENDIAMOS, HACIAMOS TRUEQUES"
- ¿Usted has podido vivir bien como alfarera?
- No, no. Nosotros pasamos muchas penalidades. Íbamos a vender todas las semanas a la plaza de San Gregorio en Telde y para llegar allí teníamos que cruzar andando el barranco. Íbamos caminando cargando todos los utensilios en una cesta. A veces vendíamos y otras cambiábamos cosas a base de trueques. La mercancía que no vendíamos la dejábamos en Telde.
- ¿La familia iba tirando con ese negocio?
- No nos quedaba otro remedio. Teníamos que adaptarnos a lo que teníamos. No había alternativa. ¿Dónde íbamos a trabajar entonces? En aquella época no había trabajo ni nada. Todos en la familia nos dedicábamos a eso, aunque mi marido, como era de Telde no sabía mucho porque allí no había la tradición de La Atalaya. Se dedicaba a guisar.
"EN LA ATALAYA HAY BUENA TIERRA Y MUY BUEN BARRO"
- La Atalaya es el centro locero más importante de la isla.
- Sí, sí, aquí estaba el centro más importante. Es que aquí hay muy buena tierra y muy buen barro para hacer la loza.
- Este es un oficio mayoritariamente femenino.
- Más bien sí. Los hombres se dedicaban a buscar el barro y la leña, pero las mujeres eran realmente las artesanas que guisaban. Estábamos todo el día dedicadas a este trabajo.
- Cada vez hay menos alfareras.
- Es que es un trabajo duro y sacrificado, muy sucio porque estás todo el día con el barro en la manos y eso no gusta a la gente nueva. Pero es una cosa buena, un buen oficio.
"A MI TERCERA HIJA, LA PARI EN LA CARRETERA DE EL PALMITAL, CARGANDO UNA CESTA"
- Ustedes trabajaban en sus casas.
- Sí, en las cuevas que teníamos en casa. Luego íbamos con una cesta caminando a Telde. En mitad del trayecto, estando embarazada de mi tercera hija, rompí aguas y parí allí mismo en el camino. Iba cargada y di a luz en la misma carretera de El Palmital.
- Su vida fue trabajar el barro y traer hijos al mundo.
- Es que no había tiempo para otra cosa.
- ¿Los crio bien a todos?
- Sí, gracias a Dios. Mis hijos nunca se quedaron sin comer. Desde chicos estuvieron alrededor del barro; ninguno siguió la tradición, aunque han hecho sus pinitos y conocen el oficio porque lo mamaron en casa.
- ¿Se jubiló de la alfarería?
- Sí, hace un par de años que ya no me dedico a esto. A los 85 cerré el quiosco. Ahora vivo del cuento, ja, ja.
"TRABAJABA DESDE QUE SALIA EL SOL, HASTA QUE SE PONIA"
- ¿Peligra esta tradición?
- Sí, sí, peligra. A la gente joven no le gusta ensuciarse con el barro. Ya no quedan viejos en esto y no hay apenas jóvenes que se dediquen a esto. La juventud no está por seguir la tradición de trabajar la loza. Ya la gente no quiere trabajar.
- ¿Trabajaba todo el día?
- Sí, desde que salía el sol hasta que se ponía. En esas cuevas no había luz y solo se podía trabajar de día.
- ¿Buscaban la leña?
- Sí, teníamos que buscarla para poder guisar el barro. Íbamos caminando a Bandama. La leña era de las parras y los limoneros, sobre todo. Algunos nos cobraban pero otros nos daban gratis la leña. Muchos eran agarradillos.
"HE HECHO MUCHOS BERNEGALES, MACETAS, PLATOS, CALDEROS, CUCHARONES ETC."
- ¿Qué loza hacía?
- Hacía muchos bernegales, macetas, platos, calderos, cucharones... La gente se llevaba cosas, pero ahora es más complicado. Mis hijas me han salido muy finas y no le gusta ensuciarse las manos. Yo ya estoy vieja para buscar la leña y guisar el barro.
- ¿Qué le pide al político?
- Que se ocupe más de este oficio y que apoye la alfarería. Ya ni aparecen por aquí. Antes sí venían por el taller y el museo, pero ya nada.
- ¿Ha tenido alguna vez problemas de salud?
- Nunca, nunca. Algún catarro me he cogido y poco más.
EN EL DIA EN QUE MARIA GUERRA ES DISTINGUIDA CON EL NUBLO DE PLATA
José Luis Álamo Suárez. Sociólogo y miembro de la Asociacion Sociocultural ARAN CANARIAS .
María Guerra, una de las últimas loceras de la Isla tendrá, de esta manera, un merecido reconocimiento a su persona y en ella reconoceremos a la multitud de mujeres que aprendieron, practicaron y enseñaron el oficio y arte de la alfarería.
Es la última Artesana del Barro en el Barrio de la Atalaya. Ahora tiene 85 años. Cuando empezó a amasar, sólo tenía siete. Más de 75 años ejerciendo una profesión de subsistencia, practicando un oficio y un arte valorado por turistas y paisanos y reclamando, en los últimos tiempos, iniciativas para la pervivencia de esta importantísima institución cultural: la alfarería. Todo ello ha sido y es vivido con intensidad por María Guerra y, por eso, es merecedora de reconocimiento. No sólo en consideración a su persona, sino también, al ser la última locera, en representación de todas las mujeres talayeras que aprendieron, ejercieron y enseñaron el oficio y arte de la alfareria. Porque, en palabras de María del Pino Rodríguez Socorro “la verdadera artífice, no sólo de la preservación del oficio del barro, sino de la creación de esta sociedad tan peculiar y que tanto interés suscitó a partir de principios del siglo XIX, fue la mujer, la talayera, responsable, además, de la conservación y la transmisión del conocimiento alfarero generación tras generación”.
De alguna manera, las publicaciones en periódicos y libros que hablan de María Guerra es un público reconocimiento, por lo que nuestra alfarera es conocida más allá de su cueva-taller y de su casa, más allá de la Atalaya y más allá de Santa Brígida y hasta más allá de nuestras fronteras archipielágicas. De sus apariciones en prensa, tenemos- entre otros- un trabajo en Canarias 7, del 19 de febrero de 2004, en la que Reveca Díaz entrevista a nuestra protagonista. De la misma manera en La Provincia es entrevistada por Manolo Cardona. Periódicos y Revistas alemanas se han ocupado también de María Guerra. Y es de destacar la publicación de María del Pino Rodríguez Socorro en “Recuerdos de una actividad en el olvido: las talayeras de Santa Brígida” en donde nos muestra informaciones muy interesantes de María Guerra y de otras alfareras de la Atalaya.
El reconocimiento a María Guerra, además, ha adquirido un carácter oficial, institucional. En este sentido, el Ayuntamiento de la Villa le ha dedicado una calle en su barrio de la Atalaya que podemos leer siempre que atravesamos su calle principal. Por tener en valor todas estas consideraciones, los organizadores de la Traída del Barro, que todos los años (desde hace 20) se celebra en este Barrio tan especial, conceden a María Guerra el honor de la “Guisada del Barro” en el Horno Viejo, como uno de los actos principales de la Fiesta del Barro. Por la misma razón, la Asociación Cultural y Deportiva Aran Canarias le colocó en un pedestal de dignidad y mérito cuando le homenajeó en el Real Casino, ocasión en la que estuvo muy acompañada por familiares, amigos y vecinos del Pueblo y por las autoridades del Cabildo y el Ayuntamiento.
Y por eso, este Jueves, día 15 de marzo, el Cabildo de Gran Canaria le concederá el NUBLO DE PLATA, un alto reconocimiento de la Institución Insular a las personas que han hecho méritos en beneficio de la Isla y de todo el Archipiélago Canario. María Guerra, una de las últimas loceras de la Isla tendrá de esta manera un merecido reconocimiento a su persona y en ella reconoceremos a la multitud de mujeres que aprendieron, practicaron y enseñaron el oficio y arte de la alfarería. Gente que ha pasado por el Cabildo, como Inés Jiménez, han sido sensibles a este tema. La Institución Insular, hace algún tiempo, creó el Centro Locero de la Atalaya y reparó el Viejo Horno y, recientemente, hizo mejoras en la Cueva de María.
María Guerra es una mujer de gran temperamento. Tal vez, gracias a esta personalidad suya, la tenemos todavía entre nosotros, después de llevar a cabo una azarosa vida para poder sobrevivir, manteniendo a su amplia familia (10 hijos), con un trabajo tan duro, con unos procedimientos de venta de sus producciones tan exageradamente ingratos. Y, gracias a esta su manera de ser, ha tenido y tiene un comportamiento rebelde, digno también de mérito para los que creemos que en este mundo hay que luchar por cambiar las cosas que están mal, enfrentándose a los problemas.
Es bueno que se le celebren reconocimientos; pero es mucho mejor que, también en los últimos años, le llamen a participar en las ferias de artesanía. No sólo de buenas palabras vive uno, sino también del dinerito que se consigue vendiendo en San Telmo. Un premio está bien, pero unas buenas excursiones de turistas a la Cueva (taller y exposición) están mucho mejor. Lamenta María el futuro del trabajo del alfar. Torpeza mayúscula de quienes nos dirigen, cuando es un recurso de valor para mejorar la oferta turística. Desaparecerá la Artesanía del Barro a no ser que sepamos dar el salto a la producción alfarera para que los turistas la contemplen, la aprecien y la compren. No cabe pensar en la alfarería para aquella actividad de subsistencia; un poco quizás y, con rasgos de identidad canaria, para satisfacer intereses decorativos de la población isleña. Lo que siempre fue un valor y sigue siéndolo es la alfarería para el turismo.
El NUBLO DE PLATA a María Guerra entraña contenidos de alto significado para todos nosotros, además del que ya hemos considerado de la importancia de la MUJER TALAYERA.
- En el ámbito de la economía canaria, de los productos elaborados del campo: las durísimas condiciones de la producción y la venta, la división del trabajo en la que las tareas de elaboración correspondían a las mujeres y la búsqueda del barro y la leña, a los hombres. Una venta que exige recorrer todos los caminos que bajan hasta la costa o suben hasta la cumbre. Una actividad económica absolutamente necesaria para los utensilios domésticos que en aquellos tiempos todos eran de barro.
- Se reconoce también una institución cultural que se expresa materialmente: es un aprendizaje, un saber y un arte que, con rudimentarios instrumentos y excelentes movimientos de las manos (estupenda motricidad fina) se incrustan en el barro y quedan allí, para siempre, como útiles, pero también como libros en los que se puede leer.
- Una historia centenaria de un Pueblo que, desde hace unos tres mil años desarrolla una tecnología para satisfacer la necesidad tan perentoria de los útiles domésticos, dando forma y arte a la tierra con agua y fuego. María Guerra, las mujeres alfareras de la Atalaya, del resto de Gran Canaria y de las Islas Canarias aprendieron este oficio de sus antepasados, hasta llegar a los primeros. Es, por tanto, también un reconocimiento a una Historia y a un Pueblo.
- El premio debe ser entendido también como una apuesta por el futuro. En los últimos 50 años hemos ido abandonando toda una riquísima actividad artesanal, de definición económica y cultural y con ímpetu identitario. Ha habido alguna diligencia, en cuanto que la administración le ha destinado recursos para su conservación. (la FEDAC, por ejemplo). Pero falta un impulso mayor de promoción. ¡Bien en conservar; mejor en promocionar!. Los productos artesanales y su actividad misma hoy tienen escaso destino utilitario pero sí decorativo, turístico y como signo de identidad. No podemos cometer la torpeza de dejarlo languidecer en las manos de actividades rutinarias.